Monstruos perfectos
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I'd prefer you were straight forward.
You don't have to go through all of that.
I'm a New York City man, baby
say "go" and that is that.
I'd prefer you were straight forward.
You don't have to go through all of that.
I'm a New York City man, baby
say "go" and that is that.
Desde que el hombre se asentó en las ricas
tierras mesopotámicas y decidió que ya no iba a vagar más, que ya estaba bien,
que le dolían los pies y que a partir de ahora iba a plantar su propia cebada,
a criar una pequeña granja de cerditos y cabras y a edificar unas chozas de lo
más rústicas, el problema dejó de ser la resistencia del calzado y la cercanía
de una buena cueva para pasar a ser un problema de energía, o de cómo mover un
arado o levantar una pared de adobe sin tener que echar el resto del día. Poco
más tarde alguien inventó la rueda, y entonces todo el mundo empezó a pensar en
cómo podrían hacerla girar, pues se dieron cuenta de que ruedas girando eran
trigo hecho harina, útiles vasijas de arcilla, carros cargados de especias tirados
por animales de carga, es decir, comercio exprés, bloques de mármol
levantándose como plumas hasta alturas vertiginosas, máquinas de vapor, trenes
surcando los bosques y exhalando su humito de cuento decimonónico, barcos subiendo
y bajando el Misisipi aunque no hiciese viento, relojes que funcionaban incluso
cuando salía nublado, bicicletas, motos, automóviles, aviones… Recientemente,
para colmo, entre unos cuantos descubrieron cómo manejar la electricidad y resulta
que lo más importante era mover electrones, sin eso nada, y que para mover
electrones hacía falta hacer girar bobinas de cobre cerca de un imán, y otra
vez a darle vueltas a la trompa.Yo no fui siempre un tipo con el alma entre los cojones. Durante bastantes años ni siquiera decía palabrotas, y hasta utilicé durante otros muchos un vocabulario abundante y selecto. Ahora he decidido que la vida no merece arriba de quinientas palabras y que las más apropiadas son palabrotas, pero no es que nunca haya pasado de aquí, sino que he llegado aquí.
Daremos la espalda a la esperanza y volveremos la mirada al suelo, donde podremos hurgar en interminables huertas cubiertas de compost apestoso, sobre las que el pan se ganará, apretando las azadas y apartando las moscas, como se hacía antes de que comenzaran a apilarse las mentiras y las hipotecas.
Nosotros, tú y yo, también nos miramos a los ojos, varias veces, y eso nos situó entre el anonimato y el orgasmo; la intimidad del alma por la cópula de la mirada.
Salgan aquí los buenos. Por eso no mentaremos
los nombres de hoy. Leo y el texto parece manar de un gran megáfono colocado en
lo alto de una colina cuyas vistas cubren la ciudad para que todos nos
enteremos. Las cosas bien claritas, bien obvias. Y por allí van pasando los
diferentes personajes, todos de cartón piedra, si acaso alguno toma un cariz
humano por un instante; pero eso, apenas un instante. Viene uno y dice lo que
tiene que decir. Luego viene otro y le contesta lo que tiene que contestar, y
te preguntas por qué dicen eso, qué pobre vida les han dado para tener que
llegar y decir precisamente lo que le viene bien a la historia, casi ni eso, al
enigma con el que se sostiene la historia. La novela se transforma así en un
disparatado entrar y salir de gente en habitaciones, cada uno con su diálogo
aprendido de memoria, cada uno con sus reacciones tan a flor de piel que te las
imaginas ya cuando les ves venir por el pasillo, casi diez páginas antes de que
lleguen.El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar el pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido.
-¿Qué es la corriente?
Corriente es lo que circula cuando clavamos dos electrodos, uno de zinc y otro de cobre, en un limón, y los conectamos.
El escritor Milan Kundera va cayendo lenta, pero
inexorablemente, en el pozo del olvido literario. Es posible que dentro de unos
años, cuando muera, su obra retome momentáneamente un impulso que lleva ya
lustros desaparecido, es muy posible, incluso, que en épocas que están por
venir, el profesor Kundera recupere una parte considerable de la fama de la que
ya gozó en los años 70 y 80, una fama que le valió el calificativo de autor
best seller, fíjense, pero me da la impresión de que de la misma manera en que
el interés por su obra ascenderá declinará, porque el tema que aborda casi en
exclusividad en ella es la levedad, la irrelevancia de los actos y de las
personas que los realizan, en fin, de la vida misma. Ha hecho de la levedad el
tema principal de sus libros hasta el punto de llamar a una de sus novelas La
insoportable levedad del ser, incorporando en el título un adjetivo que
califica radicalmente su opinión sobre la existencia del individuo, y, por
ende, puesto que este es el tema sobre el que escribe, de su propia obra.
Insoportable. Esto es, que no se puede soportar o mantener en el tiempo.Qué amargo era el mundo en que vivía Alfred. Cuando se veía de pronto en algún espejo, siempre se sorprendía de lo joven que era aún. El rictus de un profesor con hemorroides, el morro permanentemente arrugado de un artrítico, eran expresiones de su propia boca de las que él mismo se percataba a veces, por más que se encontrara en el esplendor de la vida, en el primer vinagre de la vida.
En Nueva York se ve que el hombre puede ser normativo y no conservador o tradicionalista. Lo que le importa al neoyorquino es la eficacia; por eso destruye, si hay que destruir, y somete a reglas la vida para ejecutar lo nuevo sin barullo.
Yo lo que quiero de usted no son novelones ni palabras de esas que la gente tiene que buscar en el diccionario para seguir leyendo. Lo que yo espero de usted es lo que el público demanda: aventuras, sólo eso, pura evasión. Cuanto más simple, mejor.
Se dice que hay la religión suficiente para que los hombres se odien entre sí, pero no la suficiente para que se amen.
¡Ay, qué terrible es la sabiduría cuando no rinde ningún provecho al sabio!