viernes, 20 de diciembre de 2013

Lo que nos gusta


Lo que nos gusta


Se sabe que los objetos sienten afinidades. Así, a los columpios les gusta que les empujen en determinados momentos, sólo en determinados momentos, cuando ya han realizado su camino de ida y vuelta en libertad y quedan como suspendidos ante nuestros ojos, paralizados en el tiempo, casi flotando, esperando que nuestras manos procedan a transmitirles la energía mecánica que necesitan para el siguiente vuelo. También, se sabe que a las cuerdas les gusta vibrar de una determinada forma. Le das un martillazo a la cuerda de un piano y te sale un Do, se lo das a otra y te sale un Re, y así siempre, unas suenan a Do y otras a Re, no se puede evitar. Una patada a una mesa y ese ruido que te irrita, molesto, es su firma, su afinidad más íntima, es tan suyo como el color de la mesa o el tipo de madera del que está hecha. A los objetos les gusta moverse de una forma determinada.

Se sabe también que los humanos tenemos afinidades de ficción. Así, a unos les gustan las historias de juicios, se recrean en el placer de ver cómo se defienden o cómo se atacan el abogado defensor y el fiscal cuando suben al estrado, cómo encaran los rostros abotargados de los miembros heterogéneos del jurado, cómo entrelazan argumentos y extraen conclusiones, cómo cada uno pinta las cosas según le conviene. Otros son espectadores de acción. La adrenalina sintoniza con su esencia y la emoción les desborda cuando ven un reloj en cuenta atrás, cuando hay que cortar un cable rojo o uno azul, cuando el precipicio se acerca y es imposible, imposible, detener el autobús cargado de niños… A mí me gustan las historias de supervivencia. Ponedme a un grupito de gente a tener que salir de un laberinto, o a escapar de una horda de zombis o apestados, o a permanecer juntos en un sótano hasta que decaiga el nivel de radiación que hay afuera y me lo paso como un niño el día de su cumpleaños. Sin saber por qué, a cada uno nos gusta que nos hablen de un tipo de mundo, de un tipo de vida. Y como los objetos, reaccionamos con exuberancia cuando la imaginación nos lleva por esos derroteros, cuando se nos empuja en el momento oportuno.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

MP 141



Monstruos perfectos
-141-
Le digo a usted que algunas veces una persona tiene el valor de permanecer callada diez años ante su mujer y sus amigos, y entonces se encuentra en un vagón con un cadete y le cuenta de pe a pa lo que lleva dentro del alma.
En el camino, 1886. Chéjov.

martes, 17 de diciembre de 2013

MP 140



Monstruos perfectos
-140-
¡Los rascacielos! Los hay femeninos y masculinos; unos parecen templos del Sol, otros recuerdan la pirámide azteca de la Luna.
Nueva York, 1929. Paul Morand.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Materia oscura



Materia oscura

Asistíamos ayer a las jornadas sobre búsqueda de materia oscura en la EPSG. Se impartieron charlas técnicas a lo largo del día, y se culminó la fiesta con una conferencia de carácter divulgativo, es decir, olvidar algunos detalles sin importancia y contar algunos chascarrillos históricos que, de algún modo, ayuden a humanizar esta apasionante historia de búsqueda que dura ya más de tres décadas. Los que están en ella desde el principio son ya hombres maduros, han pasado sus vidas entre cables, centelleadores, fotomultiplicadores, pírex, agua pura, ambientes libres de radón, salas blancas, trajes desechables, mascarillas, guantes de látex, minas, bunkers, alcantarillados…, pero también aulas, despachos, salas de conferencias, aeropuertos, comités de financiación, restaurantes de paso, colegas, otras universidades etc... Y se les nota ya cansados. Es su trabajo, y les gusta, pero no encuentran nada. Cuando parece que está ahí la partícula oscura, lo que ven acaba siendo la energía desprendida por una microgrieta del sistema de anclaje del detector (y ojo, eso no se descubre de un día para otro, así que da tiempo a ilusionarse bastante). Cuando ven una tendencia en los gráficos, resulta ser un error sistemático en el procesado de los datos, y así una tras otra. Su trabajo consiste en construir un detector muy sensible, pero con muy poco ruido. Lo que pueda parecer a simple vista contradictorio. A la sensibilidad se opone la afectación, a la insensibilidad, la focalización. El problema radica, a mi entender, en las hipótesis de partida. Hay que suponer que la materia oscura no es tan oscura para que nuestro fino detector la vea. Pero, ¿y si es tan oscura como podría ser?

En su labor de fontaneros en busca de la fuga de agua me recuerdan estos científicos a los escritores que purgan defectos en sus manuscritos, y apañan y sustituyen y eliminan y ponen aquí y allá, y luego deciden que era correcto lo anterior y recuperan versiones de la papelera y quitan comas y luego las vuelven a poner. Y así pasan los años, y se decepcionan, se vuelven escépticos, y se preguntan también si sus hipótesis de partida eran correctas o no, y si en lugar de incrementar la sensibilidad de sus obras lo que están haciendo no es, simplemente, aumentar el ruido.

jueves, 12 de diciembre de 2013

MP 139



Monstruos perfectos
-139-
Cuando arrancó el trineo y dio la vuelta a un montón de nieve, se volvió para mirar a Liharev con gesto que parecía significar que quería decirle algo. Éste corrió hacia ella, pero ella no dijo palabra. Sólo siguió mirándole por entre sus largas pestañas de las que colgaban partículas de nieve.
En el camino, 1886. Chéjov.

viernes, 6 de diciembre de 2013

La otra lección del curioso impertinente


La otra lección del curioso impertinente

Se narra en el Quijote, a lo largo de tres capítulos, la Novela del Curioso Impertinente. La cuenta el cura, en la venta de Palomeque, mientras Don Quijote descansa, a una audiencia constituida por Sancho, Dorotea, Cardenio y el ventero. Y ya les advierte, y también a nosotros, antes de empezar, de su espíritu crítico, cuestionando si valdrá la pena leerla o sí, por el contrario, sería más útil dedicar ese tiempo a dormir.


La historia, del estilo de las Novelas Ejemplares, parece aportar bien poco a lo que en El Ingenioso Hidalgo se trata, que no es más que la perspectiva que toman  diferentes acontecimientos cuando son alterados, bien físicamente o bien mediante una reinterpretación personal, por el caballero andante o su escudero. Aquí no interviene Don Quijote, que ni siquiera se encuentra presente, y Sancho, preocupado por habladurías que le hacen dudar del acierto de haberse unido a su merced en la aventura, no abre la boca. La historia habla del amor y de la amistad, y de cómo a veces más vale no tentar a la suerte.

Estudiosos del Quijote, y hasta el propio Cervantes, parecen dudar de la idoneidad de ésta y alguna que otra historia más que se intercalan en el libro. Cada uno tendrá su opinión y la mía es que La novela del curioso impertinente está ahí porque, en ese momento, el escritor no está todavía seguro de la fuerza de sus personajes principales y, temiendo que la trama original pueda resultar cansina, apuesta por que estos breves entremeses desempalaguen.

Pero a lo que íbamos, al terminar el cura de narrar, continúa con su crítica diciendo:

-Bien… me parece esta novela; pero no me puedo persuadir que esto sea verdad; y si es fingido, fingió mal el autor, porque no se puede imaginar que haya marido tan necio, que quiera hacer tan costosa experiencia como Anselmo. Si este caso se pusiera entre un galán y una dama, pudiérase llevar; pero entre marido y mujer algo tiene de imposible; y en lo que toca al modo de contarle, no me descontenta.

Lo que, a mi entender, pone de manifiesto los dos males peores de los que puede adolecer una obra de ficción, a saber, que no te persuada, sea real o no, y que no esté bien contada, bien escrita desde el punto de vista estilístico. En ese caso, parece querer decir Cervantes por voz del cura, más vale que nos vayamos a acostar.

Y como no hay mejor forma de enseñar que poniendo ejemplos, ahí va el del maestro, que hace que nos hable de persuasión un personaje de ficción, que además, en ese instante ejerce de lector. Una de esas sutiles vueltas de tuerca mediante las cuales Miguel de Cervantes nos dispara la imaginación.

jueves, 5 de diciembre de 2013

MP 138



Monstruos perfectos
-138-
La primera vez que oí hablar de la playa fue en Khao San Road, Bangkok. Khao San Road era tierra de mochileros.
La playa, 1996. Alex Garland.

lunes, 2 de diciembre de 2013

MP 137




Monstruos perfectos
-137-
Así son las perspectivas de la esperanza, pensaba el Magistral; cuanto más nos acercamos al término de nuestra ambición, más distante parece el objeto deseado, porque no está en lo porvenir, sino en lo pasado; lo que vemos delante es un espejo que refleja el cuadro soñador que se queda atrás, en el lejano día del sueño...
La regenta, 1884. Clarín